Desde lo alto de un edificio, unos ojos observan, meciéndose al ritmo de los latidos y los pasos de la ciudad. Están cansados, pero no se cierran. ¿Acaso la ciudad nunca duerme?
La ilustradora de Bruselas, Théodora Jacobs, ha realizado un cortometraje original y aparentemente sencillo: con unos cuantos dibujos y un poco de música, el universo citadino cobra vida ante nuestra mirada. Los recuadros en los que se mueven los dibujos recuerdan tanto al cine como a las ventanas y el jazz, tranquilo e hipnótico, resulta muy urbano. La visión de la ciudad, poética, con vida y ritmo propios, está muy bien lograda.
Desde lo alto de un edificio, unos ojos observan, meciéndose al ritmo de los latidos y los pasos de la ciudad. Están cansados, pero no se cierran. ¿Acaso la ciudad nunca duerme?
La ilustradora de Bruselas, Théodora Jacobs, ha realizado un cortometraje original y aparentemente sencillo: con unos cuantos dibujos y un poco de música, el universo citadino cobra vida ante nuestra mirada. Los recuadros en los que se mueven los dibujos recuerdan tanto al cine como a las ventanas y el jazz, tranquilo e hipnótico, resulta muy urbano. La visión de la ciudad, poética, con vida y ritmo propios, está muy bien lograda.